Pérez-Foncea habla de Thuval para EL MUNDO

IvanNot

Juan Pérez-Foncea repasa para El MUNDO cómo empezó a escribir, presenta su última novela “Thúval. Las sagas de Invérnnia” y habla sobre sus encuentros con estudiantes:

“Las letras tienen algo que la imagen no puede dar”

 

Juan Pérez-Foncea recuerda que empezó a escribir un poco por casualidad. “Puedo ponerle hasta fecha y hora”, dice divertido. Fue un 3 de abril, en el año 2002, a las 16.00 horas. En sus años de estudiante le encantaban los libros de aventuras y misterio, como la saga de Los cinco o la de Los tres investigadores, pero nunca se planteó ser escritor. “Soy abogado y nunca me había planteado escribir, pero ese día estaba especialmente cansado y empecé a escribir sin saberlo, como una manera de descansar”, explica.

De aquellas primeras líneas surgió toda una saga, la trilogía de ‘Iván de Aldénuri’, una historia épica de la que se han vendido 30.000 ejemplares y que ha sido traducida a lenguas como el inglés o el croata. Tras ese éxito, Pérez-Foncea se adentra otra vez en la literatura fantástica, que él prefiere llamar épica, para presentar a un nuevo personaje y una nueva historia, ‘Thúval. Las sagas de Invérnnia’.

Al autor le gusta que sus personajes tengan una característica especial. En la saga de ‘Iván de Aldénuri’ ésta era que el protagonista volaba. En el caso de Thúval, Pérez-Foncea ha preferido inspirarse en la historia real de una niña alemana que, durante la Segunda Guerra Mundial, fue criada por lobos.

“Todo eso lo explico al principio; Thúval tiene una relación especial con los animales, pero además tiene otra característica, y es que nace cojo, por lo que tiene que superarse a sí mismo”, señala el autor.

Así, la novela narra la historia del joven Thúval, quien tras quedar huérfano y solo en el mundo decide emprender un viaje a tierras lejanas para de ese modo rehacer su vida y recuperar una fuerte suma de dinero adeudada desde antiguo a su padre. En su aventura le acompaña su fiel amigo Lekun. Juntos deberán sortear mil peligros y el joven terminará por descubrir una antigua leyenda que habla de él… y de la misión que está obligado a cumplir.

“El mundo en el que transcurre la historia es imaginario, pero tiene mucho de autobiográfico y, naturalmente, en él salen los sitios donde he vivido, como Bélgica y otros países de Europa y, por supuesto, la cornisa cantábrica”, explica.

Y no sólo eso. Pérez-Foncea defiende que, aunque sean imaginarios, esos mundos “sin tecnología y sin artificios” ayudan al lector a centrarse en “problemas reales como la existencia, la muerte, la amistad…”. “De hecho, soy de la opinión de que la gente, y sobre todo los jóvenes, lee literatura épica buscando, o encontrando, los ideales de los que se habla en este tipo de libros”, destaca.

Encuentros con escolares

Además de escritor, el autor está muy comprometido con el fomento de la lectura entre los lectores más jóvenes. “No tengo nada contra el cine, la televisión, internet o los videojuegos, pero sí pienso que la saturación de imágenes en detrimento de la lectura afecta a los jóvenes, porque la lectura es algo esencial en el ser humano”, afirma.

Y añade que “la escritura y las letras fomentan cosas que la imagen no puede dar; fomentan la imaginación, que es fundamental hasta para un ingeniero, porque incluso para proyectar un puente primero lo tienes que imaginar”.

Por eso, Pérez-Foncea realiza encuentros con escolares, con los que habla de los libros y comparte sus experiencias como escritor. Unos encuentros que le han llevado en noviembre hasta Perú y Ecuador. “Una de las cosas que más les llama la atención a los estudiantes es mi propia historia, cómo empecé a escribir”, reconoce. Pero los encuentros también versan sobre sus personajes. “Y te das cuenta de que lo que más le ha gustado a un lector, a otro es lo que menos le ha gustado; la verdad es que para mí también es muy enriquecedor ese contacto con los lectores”, subraya.

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